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Sábado, 11 Enero 2020 10:35

Crítica de la serie AJ AND THE QUEEN (Netflix). Breaking Bad + Little Miss Sunshine + Pose = una mezcla explosiva

Escrito por  Publicado en Críticas Series 2019-2020

"M&M : Memoria y Magia"


"No se necesita "ver" para ver"

"Tienes lo más importante del mundo: Una razón para levantarte cada mañana"

"Un mundo de dolor en el que la ceguera es una bendición"

"No se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado"

 

Abanicando aires de Pose, la ventolera que desata AJ AND THE QUEEN no nos deja indiferentes. Tras un excelente primer episodio, nos rendimos ante las gracias de sus personajes con los que nos hemos encariñado irremediablemente a pesar de sus muchos fallos de guión, lastres en la interpretación y exageraciones desmedidas. Lo más potente de la temporada se condensa en su piloto exponiendo los temas sobre los que se profundizará a lo largo del recorrido. Una estructura académica y clásica que deja claras las intenciones aunque el desarrollo no acabe de llegar a tocar el fondo que pretende. Se aprecia y aplaude el intento.

Nos sumergimos en una "road-movie" o "road-serie" con toques de "Little Miss Sunshine", "Breaking Bad" por la caravana y el perqueño Aj que nos recuerda a Jesse Pinkman provocándonos las mismas ganas de pegarle un tortazo, "Pose" por sus musicales desfiles de dramatismo, aparatosos pestañeos y palpitaciones tragicómicas.

Robert (Ru Paul) es un cincuentón que se gana la vida actuando como Drag Queen. Está a punto de abrir el "Queens en Queens", su propio local de alterne pero su sueño se ve coartado por el robo del capital destinado al proyecto. Tal fechoría está perpetrada por, nada más y nada menos, que la pareja sentimental de Robert, Héctor Ramírez (Josh Segarra: Chicago PD y arrow) un puertorriqueño al que ya le vemos el plumero desde el inicio. Robert comparte piso con Louis (Michael-Leon Wooley) una reinona diabética, ciega pero con mayor clarividencia que cualquiera de los otros personajes. Pronto irrumpirá en sus vidas AJ (Izzy G.), un niño abandonado por su madre que traerá consigo más de una sorpresa.


En cualquiera de las dos versiones de "Funny Games" Michael Haneke denuncia lo que AJ AND THE QUEEN retoma. Ambas tratan de alarmarnos sobre lo confiados que podemos llegar a ser en esta sociedad del bienestar que nos asegura que el mal siempre ocurre lejos de uno. Las desgracias nunca llamaran a nuestra puerta porque ya nos hemos "sobre asegurado" de tener una prevención contra todas las desventuras contempladas por las codiciosas compañías que nos rodean. Por ello pecamos de orgullo y soberbia, abrimos las puertas de nuestros hogares a cualquier fulano o mengano que se presenta y dejamos al descubierto sin recelo alguno nuestros tesoros así como nuestras carencias.  Iluminamos con luces de néon la escalera que lleva a la torre de la princesa deseosa de ser rescatada y el caballero sólo tiene que decir "ábrete sésamo" para plantar la semilla en "Barrio Sésamo". Los frutos crecen solos y el recolector se frota las manos imaginando la buena cosecha que va a obtener. El campo en barbecho, desnutrido, pobre y despojado de su riqueza debe esperar de nuevo su fertilidad. El campesino, en cambio, pasa al campo siguiente.

El depredador está al acecho y rezagado, aparentando predisposición y buena voluntad, sembrando compasión y dispuesto a asir las oportunidades que le vayan llegando, espera tranquilamente una mejor opción que vivir de la carnaza ya amojamada que en su día lucía jugosamente pletórica.
Son seres de una pobreza interior aterradora que han perdido, si es que algún día tuvieron, las razones para levantarse cada mañana. Son seres vacíos, agujeros negros ambulantes y en el caso de dejarlos traspasar el umbral de nuestro hogar, absorberán todo cuanto esté en su campo gravitacional. Habremos abierto la puerta voluntariamente a nuestra propia desgracia. Una vez instalado en nuestras vidas tendrá carta blanca para hacer cualquier cosa. Cuidado con las confianzas que al final dan asco y de verdad.

¡Hágase la compasión a un lado! Confiar en los que están necesitados porque nos dan pena es un gravísimo error. No hay "pobrecito" que valga. El pobrecito no tendrá piedad a la hora de engañarnos porque su aprieto puede más que ellos. Esa fuerza les obliga a ser egoístas. En cada uno de ellos se esconde el instinto de supervivencia que no entiende de moral, de ética o de dignidad. El fin siempre justificará los medios esté quien esté de por medio. Estos seres han desarrollado un radar psicológico para detectar a los idiotas compasivos y comprensivos.
"De tan bueno, tonto" y no es una casualidad salida de la nada. El compasivo lo es porque TAMBIÉN tiene una necesidad como el depredador. Una fuerza interna que le obliga a ser egoísta sucumbiendo a la pena. Es otro tipo de voracidad pero cuyo foco está innegablemente puesto en el centro de uno mismo: "yo, mí, me, conmigo" y escudándose en el bienestar del otro, se rinden ante las emociones en detrimento de la ÉTICA personal. Somos pueriles, injustos y estamos creando una sociedad infantilizada de seres ombliguistas y deleznables. 

"Creía que teníamos algo, los besos parecían tan reales" en este punto no podemos dejar de remitirnos a la crítica de YOU que explica con exactitud esta encrucijada entre las vivencias percibidas por los miembros de una pareja. Los besos no eran reales, lo parecían porque una parte de la relación tenía la voluntad de experimentarlos como tal. Su propio autoengaño no le dejó ver que el enmascarado que tenía enfrente los entregaba pensando en su propio beneficio. Cada uno a su manera con los pensamientos focalizados en sus respectivas personas. Así operan los egoísmos cada uno barriendo para su casa. Ni es compartir, ni es amor ni es REAL. Recordemos que PARECER es un verbo COPULATIVO.

"Aunque pudiera volver a confiar en un hombre ¿Dónde encontraría uno?" Suponemos que es una pregunta que cualquier persona pasando de cierta edad se ha planteado erróneamente porque ¿Quién NECESITA salir a buscar? Las relaciones deben surgir de aquellos círculos en los que uno se mueve porque son los naturales de cada uno. El que sale a buscar ya altera la realidad provocando un evento que no hubiera pasado estando él en su sitio. La necesidad crea al órgano y el que va falto sale a cazar sin deternerse a pensar en las palabras que Sinead O'Connor legó en su canción "Feel so different": "En todo este tiempo, nunca vi que todo lo que necesitaba estaba dentro de mí"



AJ and the Queen, como hemos comenzado diciendo, peca de excesos y muestra un mundo al revés como lo es el nuestro pero además puesto patas arriba. Las chicas quieren ser chicos, los chicos chicas y todo el mundo está focalizado y distraído por frivolidades. Las creencias, el estatus, el matenimiento de la apariencia incluso la búsqueda del "amor" dejan enormes agujeros personales por donde se cuelan ladrones, bandidos y latins lovers dispuestos a sorber el alma de los creyentes. Pero los asuntos que deberían ser tomados en consideración quedan maquillados por toneladas de glamour barato, purpurina y luces de colores. 

El feminismo que la serie intenta reivindicar no pasa desapercibido pero queda mal iluminado y, de alguna manera, infantilizado. No sabemos si porque el mensaje es que incluso las cuestiones de género son, en realidad, temas secundarios resaltando la importancia de construir nuestra persona desde LA FUERZA, LA ENTEREZA ÉTICA Y MORAL, LA NO COMPASIÓN.

La única manera de crear una sociedad adulta, justa e igualitaria es abandonando todo tipo de etiquetaje social y valores cristianos que actuan como distracciones del yo real. La mayoría de edad del ombliguismo sólo puede repercutir positivamente en la creación de la sociedad citada. Saber y priorizar lo que cada uno necesita siendo conscientes de lo que se quiere (necesitar y querer no son sinónimos) conllevará una propagación de individuos egoistamente sanos que no buscarán en el otro satisfacer unos caprichos personales sino unas necesidades reales desapegadas del marketing, la estandarización y previsibilidad.

AJ AND THE QUEEN es una serie recomendable, recomendada pero no apta para todos los públicos.

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